sábado, 29 de noviembre de 2014

Escribo.

No hay otro método de redimirme que no sea escribiendo; trazar lo negativo en un papel, desecharlo y comenzar de nuevo. He tenido mil comienzos, mil maneras de callar a los malos pensamientos y aún así he fallado en cada intento.

No me queda nada más que escribir; liberar mi mente por unos segundos, solamente concentrarme en el sonido del lápiz expresándose en el papel. Es como si él estuviese escribiendo por sí mismo, siendo yo un simple transmisor (al parecer, poseído), y así voy perdiéndome por unos minutos, buscando un escape, obviando al mundo.

Escribo en momentos de amargura, cuando la melancolía me captura, o en tiempos de dicha pura (cabe a destacar que estos se escasean cada vez más). Tan solo escribo; escribo para mi, por mi abatimiento, para drenar mis estremecidas y descontroladas emociones. Escribo presenciando las lágrimas, la ira y la desdicha que me inundan; espero salir ilesa de este naufragio que se vislumbra.

Escribir es mi grito de desahogo, para librarme un poco de mis eternas frustraciones, ocasionadas por los sinsabores de la vida. Todo es producto de los malos cambios, no hay retroceso; intento crear variaciones para bien, pero, no consigo divisar sus frutos.

Mi alma se rasga, tal cual sábana vieja; ya no sirven más enmendaduras. Por qué se aglomeran tantos problemas, no dejan de crear disturbios en mi cabeza; todo ha perdido sentido, estoy perdida en mí y en estas calamidades de circunstancias.

Solo me siguen quedando preguntas sin respuestas, y las ganas de escribir para calmar tanta impotencia.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Tentada a matar.

Tentada a matar,
todo sufrimiento innecesario,
ese que no se olvida y hace daño;
encerrando la mente, cayendo en temores nefastos.

Tentada a matar mi gran pesimismo,
el cual me amortigua de las desilusiones
tocando el terreno de las precauciones,
pagando el precio de mi desesperanza.

Tentada a matar esta maldita monotonía
que le quita el sabor a los días,
encarcelando mi alma,
amargando mi vida.

No aguanto más vivir sin alegrías plenas,
necesito más que espejismos de anhelaciones previas.
Basta ya de acciones en vano;
quiero volar y realizar lo deseado.
Recorrer el mundo, hasta memorizar cada firmamento al amanecer;
experimentar aventuras, vivir los paisajes de cualquier parte.

Es que yo, estoy tentada a matar las adversidades necias;
deseo estar tranquila sin tener problemas,
crear oportunidades,
matando la tristeza.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Desespero.

No aguanto esta agonía.
Este complicado giro del destino,
que te hace cada vez más inalcanzable, 
por qué estas tan fuera de mi alcance.

Es como si dejaran a un coleccionista
sin su pieza más valiosa y apreciada;
como si dejaran a un poeta sin su musa amada.
Los dejarian inconsolables,
al borde de la insania;
así me encuentro,
sin tu presencia imponente,
queriendo ya tenerte.

Mi vida necesita de tu presencia,
eres el motivo de la felicidad que hay en ella.

No tardes más,
desespero por amarte,
tomar tu mano,
y al fin poder abrazarte.

Despiértame.

Despiértame, como el café en la mañana,
como despiertas mi alma con gritos de esperanza,
esos que me llenan de optimismo y me dirigen a la calma.
Así tú despiertas mis ganas de vivir y respirarte;
olvidando todo, con tan solo recordarte.


Es que sin necesidad de pedirlo,
ya me despiertas desenfrenadamente.
Despiertas mi deseo, únicamente con el brillar de tus ojos.
Miras, fingiendo inocencia;
tú no me engañas,
pero tu forma atrevida despierta mis entrañas.
Te apoderas de mí,
haciéndome perder los estribos;
es como si estuviera poseída por un ser divino.


Ansio que estes a mi lado al despertar,
con tu sonrisa risueña;
nunca la dejaré de amar.
Con mis dedos realizaré trazos sobre tus hoyuelos.
Mirame,
te estoy deseando de nuevo.


No me sorprende lo que logras en mi;
todo mi ser,
despierta por ti.

Eres poesía.

Eres poesía, 
esa dulce melodía que me llena de alegría
en sintonía con el palpitar desbocado de mi corazón.

Aquí estoy, 

en espera de tu llegada a mi pequeña realidad,
para vivir aventuras,
y no nos dejemos de amar.

Eres esa alegría que pone luz a mis días,

aquel pensamiento que llena mi rostro de sonrisas.

Eres ese poema que recitan mis labios,  

ese amor que inspiras al imaginar lo deseado.
Eres esa incitación a tentar a lo prohibido.
Mi infinita poesía, quiero que estés conmigo.

Tengo sed de ti, 

soy esclava de tu delicioso amor; 
vibra mi cuerpo con tu presencia en mi corazón,
como una adicción a la que nunca pretendo desertar.

Seguirás siendo tú mi poesía, nunca te dejaré de recitar.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Desaparecer.

Cuando todo se torna gris, con ese matíz caracteristico de la melancolía.
Cuando las adversidades deciden conspirar contra uno mismo y atacar en conjunto; como un gran desastre natural.
Es ahí cuando surge el anhelo de desaparecer, escapar de todo y de todos; buscando un abrigo en la soledad y crear una tranquilidad íntima.
Desahogarse de la mejor manera que uno desee; bien sea de esos desahogos donde se grita, llora, golpea y destroza todo a su paso —sin exceder a daños graves—; o de esos desahogos silenciosos que sólo son efectuados desde y para nuestro interior, de una forma invisible pero palpable.
Pero qué pasa cuando no se puede "desaparecer".
Cuando esa alternativa ya no basta.
Cuando el aislamiento es lo que nos agobia y ya los demás —y lo demás—, nos resultan indiferentes. 
Las motivaciones pierden cada vez más fortaleza.
Todo pierde sentido.
Inclusive, la vida misma, pero eso suele suceder; es entendible encontrarse abatido por malos días consecutivos, dificultades y dilemas que se acumulan para luego explotar al mismo tiempo; tal cual como una secuencia de bombas de tiempo diseñada por algún ser maligno que se regocija de destrucciones colosales.
Tal vez uno es el que se "ahoga en un vaso de agua".
Tal vez es la vida que es así de desventurada.
O tal vez, el problema sea uno mismo. 
Quién sabe.

Yo aún estoy intentando desaparecer, de mí misma...