Por qué me enamoraste sin tener remedio;
arañar tu piel,
Me llevas al límite,
Esta montaña rusa, no para nunca.
Nos venimos abajo, a veces,
Somos algo sin igual.
Tenemos una guerra,
Perdida en el limbo me siento. En la espera y creación de oportunidades que nunca llegarán. Todo se vuelve imposible a pesar de mis esfuerzos; no soporto vivir más en este sufrimiento.
Muy pocas cosas me motivan ya, sin embargo me aferro a ellas por ser lo único que levantan mi espíritu y me hacen andar. Cómo vivir una vida que ya ni parece mía; veo el tiempo pasar a través de una ventana, me encuentro atrapada, sin poder actuar. Esto se sale de mis manos, es algo que no se puede controlar, ni mucho menos cambiar.
Es que, atrapada en el limbo estoy; no hay salida, tampoco solución. Vago por lugares olvidados, donde no hay esperanza, solo tonos grisáceos.
Me sigue carcomiendo la impotencia, sigo cuestionando la razón de mi existencia. No es por exagerar, esto es lo que me queda por vida y nada más.
Aún no me precipito a los acontecimientos, tal vez algún día los desafortunados eventos concluirán (o al menos éstos me dejarán respirar y conseguir la paz).
Qué más queda ya, si no es soportar, luchar y volver a intentar.
No hay otro método de redimirme que no sea escribiendo; trazar lo negativo en un papel, desecharlo y comenzar de nuevo. He tenido mil comienzos, mil maneras de callar a los malos pensamientos y aún así he fallado en cada intento.
No me queda nada más que escribir; liberar mi mente por unos segundos, solamente concentrarme en el sonido del lápiz expresándose en el papel. Es como si él estuviese escribiendo por sí mismo, siendo yo un simple transmisor (al parecer, poseído), y así voy perdiéndome por unos minutos, buscando un escape, obviando al mundo.
Escribo en momentos de amargura, cuando la melancolía me captura, o en tiempos de dicha pura (cabe a destacar que estos se escasean cada vez más). Tan solo escribo; escribo para mi, por mi abatimiento, para drenar mis estremecidas y descontroladas emociones. Escribo presenciando las lágrimas, la ira y la desdicha que me inundan; espero salir ilesa de este naufragio que se vislumbra.
Escribir es mi grito de desahogo, para librarme un poco de mis eternas frustraciones, ocasionadas por los sinsabores de la vida. Todo es producto de los malos cambios, no hay retroceso; intento crear variaciones para bien, pero, no consigo divisar sus frutos.
Mi alma se rasga, tal cual sábana vieja; ya no sirven más enmendaduras. Por qué se aglomeran tantos problemas, no dejan de crear disturbios en mi cabeza; todo ha perdido sentido, estoy perdida en mí y en estas calamidades de circunstancias.
Solo me siguen quedando preguntas sin respuestas, y las ganas de escribir para calmar tanta impotencia.